Había una vez un pobre herrero que vivía en un
pueblo pequeño. Su caballo Hércules le era muy querido. Pero un día, cuando
entró en el establo, Hércules había desaparecido y pronto el herrero descubrió
que había sido robado. El herrero se puso muy triste y deprimido.
Algunas
semanas después del cobarde robo de Hércules, un excursionista llegó al pueblo
donde el herrero vivía. Por la noche, cuando todos los habitantes se
encontraban en la plaza del pueblo, el excursionista contaba historias de su
viaje. El herrero estaba sentado solo, apartado del grupo y escuchaba a medias,
cuando oyó como el excursionista describía un caballo, mejor dicho, el caballo
más bonito que jamás había visto. "Era negro y su estrella parecía un
rayo", el excursionista dijo. "¡Esto tiene que ser Hércules!",
el herrero gritó e inmediatamente se puso de pie y preguntó al excursionista
dónde había visto a su querido caballo. "En el norte", respondió,
"donde viven los famosos ladrones."
El
herrero caminó por algunos minutos y, de repente, vio a un grupo de hombres:
¡Los ladrones que habían robado Hércules! También vio a su caballo negro al
lado del grupo. Quería volver para buscar al joven, pero en este momento los
ladrones le vieron. Eran tres y estaban sucios y desaseados. Vencieron al
herrero y le tomaron preso. El herrero estaba muy desesperado cuando, de
repente, vio al joven detrás de un árbol. Los ladrones estaban durmiendo y el joven
pudo cortar las ataduras del herrero. Juntos se acercaron sigilosamente a los
ladrones y les ataron de manos y pies. Cuando los ladrones se despertaron, los dos
héroes ya estaban de vuelta a casa, junto con el caballo Hércules.
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